¿Quién de nosotros puede consolar?
Debo decir que esta ciudad tiene sus "asegunes" pero no es culpa de esta ciudad. Esta ciudad ya no es esta ciudad. Esta ciudad es el reflejo del país que ha dejado de ser mi país. ¿Dónde está mi país? Esta ciudad es la ciudad que me merezco, si esta ciudad siguiera siendo esta ciudad. Pero lamentablemente a esta ciudad le cayó una plaga terrorífica que no pertenece a esta ciudad, sino a las decisiones políticas de este país que ya no es este país. Vivimos en una política sin país. Aun así, y sobre todo, el amor se impone, caballeros (las mujeres sabemos de eso, sí). Y es ese amor el que parece una máquina de hacer justicia (lenta y discimulada). La justicia llegó a esta llaga (me refiero a lo que antes era mi ciudad) y de un avión bajó el maestro, y ahora sé, filósofo Josu Landa. Pasó como si nada pero nos dejó el consuelo. "¿Quién de nosotros es capaz de consolar?" Le reclamaría Nelly Sachs a un cielo vacío (entre otras quejas). A punto estaba yo de repetir la misma frase cuando vi que el cielo era profundo, y con destellos de un atardecer rosa: el atardecer sigue siendo mi atardecer. Mi maestro y yo entramos en el arbolito y él me aseguraba que todavía quedaban "argunos" hombres buenos, como para mí. Merendamos ahí de sus galletas y de sus almendras. Supe que no era el momento de reclamar, sino de agradecer. De agradecer el consuelo. Te queremos, Josu Landa.
3:12 PM
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