Tabla sin asidero
d o l o r e s - d o r a n t e s


Yo que amé tus maremotos en un vaso,/ que guardé como un tesoro el llanto falso,/
ahora mismo pongo fuego a lo que escondo/ y me marcho mientras arde tu retrato."/ R.B.
 

Siempre he sentido que Oaxaca es mi "casa buena". Si yo tuviera radicalmente dos estados del alma y tuviera que representarlos territoralmente, podría asegurar que Oaxaca es mi es la madre tierra de mi lado luminoso y que, esta maravillosa frontera representa mi intrincado mundo intelectual y sórdido. Pues bien, en mi lado floreciente y luminoso hay un poeta que me corresponde, un poeta con el que me identifico profundamente y con quien sólo platico cada vez que visito a Alexandra en su bar La Nueva Babel. Mi amigo se llama Ramiro Pablo Velasco y ahora tengo en mis manos otro de esos libros que, quizás, muchos de ustedes no podrán tener. El libro se llama Diario Silabario, publicado por la Editorial Hormiga Arriera en marzo del 2003, debo decir que la portada no me hace muy feliz pero la consciencia que Ramiro tiene del lenguaje es algo que me satisface profundamente. El extremo del lenguaje aunado a lo que, en la introducción de este libro, Rodolfo Bucio llama "sufrimiento" y que yo no denominaría con una expresión que me parece tan romántica y sentimental (hay poesía para eso, la de Ramiro Pablo Velasco, en este volúmen, por supuesto que no es el caso). Deshaucio y vacío serían los términos que yo utilizaría para describir un poco de lo que la poesía de Ramiro comunica (¿quién dijo que la poesía no es comunicación?), junto a un pequeño filo de delirio, sangre e ironía. Tienen que leer el libro (si pueden, jajaja) y todos los libros que Ramiro publique. Por cierto hace mucho que no sé nada de él ¿Dónde andas? échame un email, Bro. Ahora, para no andar definiendo lo que Ramiro escribe, posteo aquí uno de sus poemas:

¿Te puedo dar un beso?
Un beso simple en la mejilla
muy cerca quizás de las comisuras
que dividen tus tersas partituras,
un beso seco de estrellitas,
ausente de humedad,
vilipendiado
que sepa a thiner,
maso-quiste,
hondo de algas rasposientes
que lleve el gusto de la daga,
la lengua dulce del impulso,
las alas del suspiro,
que te haga adorar mi pobredumbre
y te convierta en pasión
y luz de vida

y escribe en Diario Silabario una frase que me encanta, y que, seguramente, alguna vez utilizaré como epígrafe:

"Si yo estuviera bien no me importaría tu rostro"

No diré lo que acostumbran los jurados de nuestro balaceado país cuando les avientan nuestros centavos a sus amigos, con el pretexto de un premio, osea, que el libro de Ramiro se sostiene por su unidad temática. El libro de Ramíro, contrario a mis preferencias es una recolección, pero esa recolección marca un transcurso. Un transcurso donde prevalece ia intención de decir y, por ende, su imposibilidad, porque lo único que un autor puede hacer es decirse a sí mismo:

Era la poesía una cuerda
limpia y frágil
para colgar la rexistencia.

Era la poesía un salvamento.,br> flores tiernas depositaba
entre sus garras.

Era pues la carne de mi vida
el fruto que arrojaba mi defensa.
porta climas, lentejuela,
escombrosa.
Larva turbia y encíclica tridente.

Era la verba, la can-tina,
la escoriosa,
gran presión y mística vidente.

Era pues mi bar, la vil sustancia,
englotona
de letras y rodillos.
ventruda ronda de sonidos y tem-pestes
calami-dad la sed,
la ruta,
la conquista

Oigan, no soy fanática de la poesía (ya les había platicado que el fanatismo ciega y por lo tanto nos arruina el criterio). Y reconozco que la poética de Ramiro Pablo Velasco no pertenece a la poética que prefiero. Pero sobre cualquier poética prefiero la poesía. La poesía que mueve y transforma (eso ya también lo he escrito antes) y sé que esa es la que Ramiro escribe. Ojalá ya existan otros libros escritos por él, tan clandestinos como el que yo tengo. Saludos, Oaxaca: mi otra yo.

9:54 AM
que conste
vuelen