TRANS-ATLANTICO
Estaba leyendo Trans-Atlántico, de nuestro buen amigo Witold Gombrowicz y no he podido evitar transportar el mundillo institucional polaco al corazón de nuestras instituciones culturales mexicanas. El aire de "autoridad" con el que se mueven quienes -en lugar de amar al arte y a la cultura- trabajan aparentando que el arte y la cultura son, a su jucio, asuntos "interesantes". Me acordé de mi colaboración, junto a la colaboración de Miriam y Laura, en un libro "institucional" titulado "Hecho a manos". Todas colaboramos a petición del Consulado Mexicano en Los Angeles, California, ya que una "agregada" cultural tuvo la ocurrencia de "difundir" ("difundir" como si a la obra de Miriam le hiciera falta difusión!!!) nuestro trabajo en los Estados Unidos. Colaboramos enviando textos para que la agregada cultural justificara su "sueldo" y sus vacaciones pagadas (era hija de Gertz Manero) a petición de nuestra traductora, Jen. Estábamos "de pasadita" en L.A. porque el Otis College nos había invitado a colaborar en su ciclo de lecturas y, la ocurrente "agregada" aprovechó y presentó el libro.
Llegamos al consulado y nos tocó presenciar los preparativos para la "lectura". O sea que pudimos escuchar las órdenes telefónicas de la Mercedes Gertz diciendo "pues compra el vino más barato que encuentres, weeeeey" y el desfile de nuestros compatriotas que, más interesados en una lectura, estaban interesados en pasar (y repasar) su lengua por el culo del cónsul. Y como para lamer culos no hace falta sillas, la lectura se dió ante nuestros compatriotas de pie y "rapidito" (había una larga fila de lame-culos que el cónsul tenía que atender -con el perdón de las poetas ¿verdad?-). El colmo fue que la agregada cultural pretendiera vendernos los ejemplares de tan preciada ocurrencia (claro, si gracias al consulado yo tenía el privilegio de presenciar a una fila de lameculos buscando -de forma muuuy mexicana- el sueño americano ¿no era justo entonces que yo pagara para quedarme con un recuerdo de mi viaje al "primer mundo" en el que -además- aperecía mi nombre y mi trabajo?).
Lo lamento, no pude evitar ponerme de mal humor y regresé el ejemplar a la agregada cultural que -por lo menos por esa noche- a mis costillas vacacionaba de lo "bien". A decir de esa lacra yo debía estar contenta, eufórica y agradecida pero, dada mi molestia ella pagaría el ejemplar "de su bolsa" para que yo (me-xi-ca-na, mi-se-ra-ble) pudiera tener un recuerdo de su intento por difundir mi trabajo ante los lameculos del cónsul
Mi mal humor creció y me negué a aceptar el libro, a lo que ella respondió, totalmente fuera de sus casillas "o lo aceptas o lo echo a la basura". Me di la vuelta y salí del lugar junto con Miriam, que me dijo "No te preocupes, pendeja, yo me robé dos ejemplares, te doy uno". Muerta de risa tuve que confesar "no hace falta, amiga, yo me robé cuatro".
1:31 PM
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