Tabla sin asidero
d o l o r e s - d o r a n t e s


Yo que amé tus maremotos en un vaso,/ que guardé como un tesoro el llanto falso,/
ahora mismo pongo fuego a lo que escondo/ y me marcho mientras arde tu retrato."/ R.B.
 

Tengo algunas cosas que decir de la poesía. No me refiero a la poesía que he leído (¿o sí?) sino a la que he escrito. No me interesa cuántos lectores de poesía existen en el mundo, siempre seremos pocos. No creo que pueda existir algo como un "best seller" poético (por fortuna para la humanidad, por desgracia para los poetas que formamos parte de esa humanidad). Todo lo que le tengo que decirle a mi poesía es bastante cursi, pero es un buen pretexto para reflexionar. La poesía me ha situado en lugares incómodos y gracias a eso me he visto obligada a avanzar. La poesía me puso frente a jueces fanáticos de la "tradición" y de la envidia (la tradición de la envidia existe, evidentemente lo que llaman "poesía mexicana" no). La poesía me ha trasladado lo suficiente (sí, lo considero suficiente, gracias. Tendré otras vidas para viajar más, seguramente cuando nazca pianista). La poesía es una cosa que aperece mientras yo creo que construyo algo.
Gracias a la poesía he tenido amantes muy malos y aventuras sexuales muy buenas. Por ser escritora tuve una relación pasional con un gay de clóset que era mi adimirador y después intentó estrangularme cuatro veces: siendo poeta me he reido tanto. Lo mejor de todo es darme cuenta que mi vida no depende en absoluto de la poesía. Que yo soy aparte. Que lo mejor y más significativo que me ha pasado no tiene que ver con la poesía. Y que, para colmo, la poesía es tan sólo uno más de mis fetiches. Sin embargo, como cada uno de mis fetiches: vive, duerme, crece, me domina, se apaga infinitamente en mí.

8:54 PM
que conste
vuelen