Mi pensamiento ha estado dando vueltas al rededor de cosas inútiles. Una de esas cosas me llamó la atención. He notado cierta indignación ante algunas afirmaciones que publiqué en la introducción a mi último libro (ja, como si lo que yo digo importara). La verdad que causó incomodidad en algunos tiene que ver con la frase siguiente "yo tenía diecinueve años y me negaba a escribir como José Carlos Becerra" en el contexto de la poesía que "promovían" los talleres literarios que comenzaron a mediados de los ochenta en las provincias de este país. Esos talleres estuvieron hechos para venerar (al puro estilo priísta y paciano) a los escritores que entonces eran mayores (de edad) que uno. En esos talleres, quise decir, no había alternativa: se fomentó un sólo estilo. De hecho, no se hablaba de estilo en esos talleres. La ofensa ni siquiera surge de esa realidad institucional que hasta la fecha exige que los escritores tengan el "estilo" de la institución, sino de la posibilidad de que yo considere a José Carlos Becerra un mal poeta. Debo aclarar que en ningún momento expreso mi opinión sobre la obra de José Carlos Becerra, sólo afirmo que tenía diecinueve años y sabía que no quería escribir como él. Esto a raíz de un recuerdo de adolescencia, cuando yo ya leía a Celan y, César me preguntó si había leído a José Carlos Becerra "No" contesté "entonces no has leído nada" afirmó. Reconozco que César era un año menor que yo y, al igual que yo, tampoco sabía lo que decía. Reconozco también que busqué a José Carlos Becerra, lo leí y no me motivo como lo hicieron Paul Celan o Elizabeth Bishop o hasta la fecha lo consigue Gunnar Ekelof. Tampoco quería escribir como Celan o Bishop o Ekelof, pero mi comunicación siempre fue mejor con ellos que con Sabines, Becerra, Chumacero, Breton y los demás franceses. En ocasiones, lo que parece una inocente formación institucional va más allá de lo que creemos, nos moldea y nos dirige socialmente y, en momentos tan vulnerables como "la edad rebelde" puede condicionarnos y construir parte de lo que somos o de lo que no podemos dejar de ser.
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